El Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 de la ONU pretende concienciar a la población mundial para que haga más con menos y promueve un cambio hacia un modelo en el que se dé prioridad a la reutilización, la reparación y el reciclaje. Asimismo insta a empresas y gobiernos a integrar la sostenibilidad en sus prácticas y a permitir que los consumidores tomen decisiones informadas.
Las cooperativas ocupan una posición destacada para abordar el consumo y la producción responsable, porque la sostenibilidad forma parte de su identidad, su gobernanza y su lógica operativa. El séptimo principio cooperativo, interés por la comunidad, establece el compromiso por parte de las cooperativas de trabajar en pro del desarrollo sostenible de sus comunidades, aplicando las políticas adoptadas por sus miembros.
Por nombrar algunos ejemplos, en lo que respecta a la producción sostenible y el uso eficiente de los recursos, el Pastoral Women’s Council (PWC) se dedica a ayudar a mujeres de Monduli y Longido, en Tanzania, a construir y replicar cocinas con aislamiento térmico a partir de materiales disponibles en la zona y versiones mejoradas de fogones que les permiten ahorrar energía.
En Japón, la Japanese Consumers' Co-operative Union ha elaborado normas de producción respetuosas con el medioambiente en colaboración con los agricultores con el objetivo de promover una menor utilización de pesticidas y productos químicos. La organización Federación Regional de Sociedades Cooperativas de la Industria Pesquera Baja California (FEDECOOP) en México integra a trece sociedades cooperativas de producción pesquera que gestionan conjuntamente diez derechos territoriales de uso en las zonas pesqueras que han permitido la recuperación y sostenibilidad a largo plazo de la pesca local.
En cuanto al consumo responsable y la concienciación de los consumidores, la cooperativa agrícola española Càmara Arrossera del Montsià, con su proyecto ORYZITE®, transforma la cascarilla del arroz en un material sostenible que sustituye a una parte importante de plásticos derivados del petróleo. Otro ejemplo en este ámbito sería el de la Cooperativa Obrera en Argentina, que combina sus actividades comerciales con programas de información y formación a los consumidores, a través de los que promueven el consumo responsable, el conocimiento de los productos y la participación de la comunidad.
Tal como demuestra la cooperativa de gestión de residuos brasileña Belo Horizonte, las cooperativas también desempeñan un papel fundamental en la reducción de los desechos y en el desarrollo de iniciativas de reciclaje, a la vez que proporcionan medios de vida dignos para los y las trabajadoras. Desde un punto de vista más amplio, las estructuras de gobernanza cooperativas refuerzan las cadenas de suministro responsables y una mayor transparencia.
Sin embargo, aunque las cooperativas proporcionan modelos prácticos orientados a una producción y consumo responsables, suelen estar integradas en sistemas poco adaptados y siguen teniendo una escasa representación en las estrategias de economía circular. Para lograr un consumo y una producción responsables es necesario disponer de modelos económicos que sitúen a las personas, las comunidades y la sostenibilidad a largo plazo en el centro de la toma de decisiones. Actualmente, las cooperativas ya ponen en práctica estos principios. Sin embargo, sigue siendo necesario crear un entorno más favorable que facilite el crecimiento de las soluciones cooperativas y les permita desarrollar todo su potencial.
El informe completo sobre el ODS 12, en el que se incluyen varios ejemplos reales, está disponible aquí.